Tuesday, March 20, 2012

El Oro del Rhin, preludio a una saga épica



Finalmente después de muchos años de espera, tras un intento fallido de ir a verla en el teatro Colón en 2004, pude asistir a la presentación del prólogo a una de las sagas más importantes de la cultura universal: El anillo de los Nibelungos, y digo prólogo porque de eso se trata, no de un primer episodio sino de la antesala de otras tres entregas que saldrían posteriormente.
El Oro del Rhin es el nombre de la obra en cuestión, en la cual los tres nombres que más resaltan esta ocasión son tres: Alejo Pérez (director de orquesta), Marcelo Lombardero (dirección escénica) y Diego Siliano (diseño escenográfico).






Argumento:
La historia comienza en los confines del río Rhin, donde tres Ondinas (ninfas hijas del Río) custodian celosamente el oro, del cual si se llegase a forjar un anillo con él otorgaría a su portador de un poder inconmensurable, pero en caso de poseerlo deberá renunciar al amor. Estas palabras las oye un pequeño Nibelungo (raza mitológica de enano/gnomo) llamado Alberich, que luego de fallar en su intento de seducir a las ninfas le llama más la atención la idea de poseer el oro. De modo que lo roba y con él decide forjar el anillo de poder.

La escena que viene a continuación nos presenta en la morada de los Dioses, donde se los ve tan ociosos y relajados que denota ya un aburrimiento y desinterés por gobernar el mundo. Dos gigantes fueron encargados por Wotan (Odín) para construir su palacio, el Valhalla, y el precio que habían acordado era la joven y hermosa Freya, cuñada de Wotan. Pero Wotan se arrepiente de haber acordado eso y rompe el trato, en medio de la discusión con los gigantes, aparece Loge (Loki), el semidios del engaño, malicia y bromas pesadas, quien le habla a Wotan acerca del anillo de poder y del gran tesoro que posee un insignificante Nibelungo llamado Alberich, entonces reformula el trato con los gigantes, él les conseguiría el tesoro y el anillo y ellos desistirían de llevarse a Freya. Pero la tendrían como rehén hasta que el trato se lleve a cabo. Al irse Freya de la morada de los Dioses, éstos empiezan a envejecer aceleradamente ya que ella es la que cultiva las manzanas doradas que mantienen jóvenes y eternos a los Dioses. Entonces Wotan y Loge emprenden un viaje al mundo intraterreno de Nibelheim en busca de Alberich.

En el Nibelheim vemos a Mime, hermano de Alberich y herrero que forjó el anillo a su hermano, y a Alberich mismo ostentando su poder y sus esclavos juntando tesoros para él. Ahí llegan Wotan y Loge, quien mediante tramoyas y engaños logran capturar a Alberich para llevárselo con ellos.
De regreso a la morada de los Dioses, Wotan le quita el anillo a Alberich arrancándole el dedo y es omnubilado por su inmenso poder, que volvería a llevarlo a la cima de la gloria, pero en ese momento la vemos a Erin, la Diosa suprema que advierte a Wotan acerca de la maldición del anillo, que tiene un poder inmenso pero también llevará a la perdición a cualquiera que lo posea, siempre codiciado por todos pero nunca disfrutado por nadie (Tolkien, como robaste!!). De modo que entregan el tesoro y el anillo a los Gigantes, a lo que casi de inmediato, provocado por una codicia asesina, mata a su hermano y se lleva todo el tesoro y anillo.
Como cierre de la obra, el Dios Donner (Thor) abre camino entre las nubes dejando libre el acceso al Valhalla, la que será la morada definitiva de los Dioses, marcando así el inicio de una era de glorioso gobierno.





Mi crítica:
Del joven Alejo Pérez no puedo hacer más que sacarme el sombrero por la forma admirable que tuvo al dirigir una orquesta tan nutrida (bien al estilo Wagenriano) que tenía hasta yunques en el fondo de la fosa (que fue modificada recientemente para que puedan realizarse estas obras), excelente su dirección tanto de la orquesta como de los cantantes a quienes marcaba genialmente con su mano izquierda durante dos horas y media ininterrumpidas, osea sin ningún intervalo, aplausos de pie para él.

Las voces una mejor que la otra, se nota que son todos cantantes consagrados e incluso varios de ellos estables de óperas europeas, excelentes todos cantando en un duro y sofisticado alemán bien marcado.

Ahora vienen los garrotazos, que son nada menos que para el diseñador escénico y la vestuarista, una chica llamada Luciana Gutman se llevan las críticas negativas. Estos (evidentemente jóvenes que intentan modernizar lo clásico) convirtieron el oro del Rhin en un basural al pie de fábricas que no paran de contaminar el río ni de exhalar humo por sus chimeneas. La morada de los Dioses es un lounge donde los Dioses toman martinis en una barra, todo el cuadro es monocromático, todo blanco, la escenografía, la ropa, hasta los pelos de los personajes, muy molesto. Incluso Loge aparece saliendo de un ascensor hablando por celular, chocante rozando lo molesto.
El martillo de Donner (Thor) es una Magnum, el anillo de poder es una cosa aparatosa con una luz led que parpadea, en el Nibelheim, la casa de Mime es una casita rodante y los personajes sacan latas de cerveza de una conservadora de picnic y se ponen a tomarlas, y podría seguir, la verdad ese punto negativo fue muy marcado, tanto yo como los que estaban conmigo fuimos shockeados por ese detalle nada menor.

No quiero quedar como un viejo choto que se pone en contra de modernizar las obras, es sólo que mucha de la mística mitológica que tiene una obra tan emblemática como es la Saga del anillo no puede convertirse en un simbolismo moderno con rascacielos y barrios pobres, es una historia épica de Dioses y gnomos, ninfas y gigantes, palacios e inframundos, y yo realmente esperaba ver un despliegue visual que estuviese a la altura de semejante orgía musical.

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